viernes, 29 de diciembre de 2017

SIEMPRE BUSCAR LA PAZ




HARTOS DE GUERRA
Agustín Courtoisie



Si defender la paz  en el mundo fuera el único motivo, valdría la pena militar en política. Habría que precisar, claro está, si esa política debería o no ser partidista. Este concepto supone  defender la resolución pacífica de conflictos armados en todo el mundo y la crítica de la instigación a la guerra civil o de la lesión directa de las soberanías nacionales por métodos violentos o presiones económicas complementarias.

En líneas generales, hoy es preciso desactivar el terrorismo minoritario de presunto origen islámico empezando por el cese del terrorismo de gran escala de EE.UU y sus aliados. Ver, por ejemplo, la conferencia de Barcelona de Michael Walzer: “Terrorismo y guerra justa” (2004). Lectura accesible en: https://www.uis.edu.co/webUIS/es/mediosComunicacion/revistaSantander/revista4/guerraJusta.pdf

La compilación más abarcadora y profunda sobre el tema es “Poder y terror” de Noam Chomsky, video accesible en: https://www.youtube.com/watch?v=nTW6VpW7wFs

He desarrollado con mayor extensión ese asunto en otros lugares. A vía de ejemplo, sobre la política belicista y expansiva de Israel, ver “No hay peor defensa que un mal ataque” (Semanario 7n, 20/8/2014). Artículo accesible en:




Pero los fundamentos para defender la paz a toda costa se remontan lejos en el tiempo.

“Si mis soldados comenzasen a pensar, ninguno permanecería en las filas” decía Federico II el Grande y Lev Tolstói lo cita en Lo que yo pienso sobre la guerra (Desván de la Hanta, 2015). Ese libro reúne buena parte de la energía colosal de su credo anarquista evangélico y pacífico, que inspiró a Gandhi y a Martin Luther King.

Tolstói defendía a los trabajadores, se indignaba por la crueldad contra los animales y explicaba por qué aquellos a los cuales la indignación podría conducir a la violencia debemos preferir la paz a toda costa.

Si los que orquestan las armas contra millones de inocentes, no son capaces de pensar (ni de sentir) al menos no le cedamos nuestro consentimiento. El firme y realista deseo de paz de quien supo ser soldado, conmueve y trabajar en política permitiría compartirlo.




Por su parte el valeroso judío disidente Norman Finkelstein, autor de La industria del Holocausto. Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío (2000) se ha dedicado a investigar a un grande de la historia contemporánea: Mohandas Karamchand Gandhi. En  Lo que dice Gandhi (Siglo XXI editores, 2013) Finkelstein redescubre a Gandhi para todos los que predicamos “la paz sin excusa”, como una figura mucho más compleja y rica de lo que se imaginaban sus partidarios y sus detractores.


Hurgando entre los casi 100 volúmenes del corpus de la obra de Gandhi, Finkelstein afirma que Gandhi “no solo estaba convencido de que se podía liquidar de forma no violenta el viejo mundo y crear uno nuevo, sino de que, además, si no se hacía de manera no violenta, ese nuevo mundo difícilmente diferiría del viejo mundo al que había sustituido”.

La lectura compleja que Finkelstein hace de Gandhi le lleva a recordar que “el verdadero Gandhi detestaba la violencia, pero detestaba aún más la cobardía”. Sin embargo, “si Gandhi predicaba simultáneamente las virtudes de la no violencia y las del valor, es porque consideraba que la no violencia requería más valor que la violencia”.



Por último, por hoy, quisiera apoyarme en José María Ridao y su libro La paz sin excusa. Sobre la legitimación de la violencia (Tusquets, 2004). Me atrevería a decir que todo lo que Ridao dijo hace más de una década hoy es más cierto que nunca:

“En realidad, y pese a lo que parece sugerir la historia, resulta difícil determinar si la violencia forma parte del instinto humano. Junto a los innumerables ejemplos de individuos que, sonámbulos, los ojos inyectados en sangre, parecen encontrar un estímulo y no un obstáculo en el sufrimiento que provocan, existen otros en los que el comportamiento es exactamente el inverso: una repentina piedad hacia quien está por completo a merced de un gesto o una decisión propia”.

Regresemos al presente. Las potencias europeas y asiáticas esquilman recursos ajenos promoviendo la violencia en varios países africanos y la extracción de coltán en el Congo es apenas un ejemplo. En el caso de República Centroafricana, el apoyo con armamentos a distintas facciones para facilitar el acceso al petróleo es un claro ejemplo de la “estrategia del caos” para aprovecharse del río revuelto: desde que se descubrieron allí yacimientos comercializables, los franceses apoyaron a los musulmanes y los chinos a los cristianos. 

Arabia Saudí, país aliado de EE.UU bombardea Yemen, con ataques genocidas de propósitos anexionistas. Israel no solamente interviene en sus alrededores, procurando exceder los límites de las fronteras de 1948, sino que vende armas a Birmania, responsable de la persecución homicida de civiles rohingyas. Sería larga también la lista de crímenes cometidos por la ex URSS o la actual Federación Rusa. Pero la inmensa sombra neocolonial sobre nuestro lado del mundo no parece provenir principalmente de allí.


Sería largo recordar aquí el detalle del prontuario de los EE.UU como potencia bélica criminal, pero dejando al lado su frondoso historial de intervenciones militares (ayer para “defendernos” del comunismo, hoy para combatir supuestamente el narcotráfico  y el “terrorismo”) los defensores de la paz no deberíamos olvidar algunas “perlas”:  las bombas nucleares que destruyeron dos ciudades enteras como Hiroshima y Nagasaki, las guerras de Corea y de Vietnam, el apoyo de la CIA al asesinato del primer ministro congoleño, Patricio Lumumba, el golpe de Estado de Pinochet contra el presidente democrático Salvador Allende, la destrucción de Afganistán, Irak, Libia y la disputa feroz con otros poderosos del mundo del control de Siria.

Es cierto que los ataques a la Torres gemelas protagonizados al parecer por terroristas saudíes asesinaron unas 3000 personas indefensas. Eso fue horroroso y debe ser condenado con la misma energía que cualquier otra ataque contra población civil. Pero para poder condenarlo con la misma energía habría que estar enterado de que en 1989, para capturar a su antiguo servidor de la CIA Manuel Noriega, los EE.UU asesinaron 5.000 personas, en su mayoría no combatientes, en el barrio El Chorrillo de la ciudad de Panamá. 



Por último, culminemos con un caso concreto. En el informe Masacre. La guerra sucia en El Salvador (edición 2016) de Mark Danner, se comprende mejor el real modus operandi de los EE.UU, que contraría de hecho los principios a los cuales proclama adherir para justificar sus permanentes intervenciones criminales.

Quienes tengan dudas todavía acerca de cuál ha sido la potencia más genocida del mundo luego de la derrota de la Alemania nazi y la implosión de la URSS, encontrará en Masacre motivos sólidos para despejarlas. La investigación comenzó en el New Yorker con el reportaje “La verdad sobre El Mozote” a principios de los años noventa: EE.UU promovió el asesinato masivo de civiles en El Salvador como elemento ejemplarizante, del cual el asesinato de monseñor Arnulfo Romero (1980), sacerdote defensor de los derechos humanos, es apenas un caso más conocido que otros.

El batallón del ejército salvadoreño que cometió esas atrocidades fue formado en la Escuela de la Américas y cubrió varias aldeas del departamento de Morazán, en El Salvador (1981).

La lista actualizada de 767 víctimas de El Mozote es presentada por Mark Danner con esta advertencia: “En general, las edades son aproximadas, sobre todo en el caso de los niños, que en muchos casos aparecen sin nombre debido a la ausencia de registros oficiales y a los pocos recuerdos de los supervivientes”.

EE.UU es una sociedad vibrante y en parte rebelde y autocrítica. Por ejemplo, buena parte de las informaciones que ventilo en los párrafos anteriores provienen, de hecho, de fuentes estadounidenses (Walzer, Chomsky, Danner, etc.). Pero su gobierno desde hace demasiado tiempo manipula la opinión pública internacional bajo la excusa de defender la libertad, o de protegernos del terrorismo o del narcotráfico, y despliega intervenciones criminales en todas partes del mundo.

Un imperio más algunos malos criollos (militares, paramilitares, mercenarios y opinión pública manipulada) constituyen una mezcla letal.

Los defensores de la paz de este lado del mundo deberíamos tenerlo claro. 

Y no deberíamos equiparar jamás la violencia de la desesperación, desde abajo, con la violencia desde arriba, que suele incurrir en el terrorismo de Estado.

En cada contexto nacional, es importante no confundirse respecto de esa especie de guerra de clases, llevada a cabo con total desproporción de  recursos, hecha desde arriba hacia abajo, como la que en la actualidad se despliega en la Argentina. En particular, esa verdadera guerra donde las autoridades pretenden el "beneficio de la duda" para la gendarmería a la hora de reprimir con armas letales, supone el desconocimiento de muchos valores democráticos.

Esa guerra de clases involucra también la violación del mandato constitucional del respeto a las poblaciones indìgenas (Art. 75, numeral 17, Constitución de la República Argentina). Respecto del hecho de que las protestas forman parte esencial de la vida democrática pueden encontrarse sólidas reflexiones en muchos de los textos del abogado especializado en filosofía polìtica y derecho constitucional Roberto Gargarella. En esos y otros temas es muy útil consultar su Seminario de Teoría Constitucional: http://seminariogargarella.blogspot.com.uy/

Estos puntos adquieren relevancia para quienes creemos que las clases sociales no deben confrontar sino colaborar entre sí, entre otras cosas para la gradual disolución de estas mismas categorías o similares, tales como castas, estamentos, sectores. Todo ello sin apelar a la guerra de clases sino a la conquista pacífica de la igualdad y su hermana la libertad.


Promover la paz, siempre. Pero sólo los más fuertes tienen más chance de llevarlo a cabo. Con un mínimo respeto de la soberanía de los pueblos, menos atentados de falsa bandera, menos financiamiento de grupos  terroristas y mercenarios, o incluso menos infiltrados en las filas de los desesperados, ya sería un gran avance. 

La guerra se hace para robar a los más débiles. Pero hoy no se ejerce el imperialismo reorganizando lo deshecho por las invasiones. sino dejando todo en el caos. Es más fácil robar así. 

La resolución pacífica de conflictos es lo único que daría verosimilitud a algunas de esas  frases grandilocuentes de los discursos de los poderosos.





"Madre yo quiero morir
ya estoy harto de esta guerra"




 Licencia de Creative Commons
 
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.


martes, 5 de diciembre de 2017

VER PARA ENTENDER


AGUSTÍN COURTOISIE: DEL CINE A LA FILOSOFÍA / SEPARATA LIBROS & VÍDEOS / OLIVER SACKS: AUTOBIOGRAFÍA / BERRO & COHEN & SILVA BALERIO: ENGARRONADOS/  BYUNG-CHUL HAN: PSICOPOLÍTICA / PABLO VALLE: LA CEGUERA DEL PODER


Aula de la UIPPL No. 4 “Santiago Vázquez”. 
Jueves 9 de noviembre de 2017. Foto de Richard Fariña



DEL CINE A LA FILOSOFÍA
Agustín Courtoisie

“¿Le parece hablarnos de libertad acá?” me dijo un recluso casi en voz baja, con mucho respeto, una mañana de noviembre de 2017 en el Complejo Penitenciario de Santiago Vázquez. Yo venía hablando de la libertad  en filosofía y la diapo mostraba en la pantalla un Jean-Paul Sartre juvenil y la frase: “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”. Entonces le contesté, glosando a Sartre, que estamos condenados a elegir y que siempre hay un margen: “Tú podrías estar afuera mirando el pasto pero decidiste venir a oír esta charla”. *

Seguro que eran buenos sus motivos. Así que no pareció convencerse, ni él ni los demás presos, hasta que escuchamos todos juntos un fragmento del tema de Tabaré Cardozo “En el umbral” y analizamos la letra:  “Cada uno carga con su alma y con su cruz / para dar batalla en las tormentas. / Cada uno carga con las sombras y la luz / tras de los espejos que se enfrentan. / Y en la brevedad, de la eternidad / cada hombre elige su destino. / Justo en el umbral, donde el bien y el mal / echan a la suerte los caminos”.  La canción les cambió el semblante. Querían seguir escuchando y yo la corté porque necesitaba pasar a otro tema: las luchas del honor en la sociedad actual, desde Pappo y el rock “Mi vieja”, hasta las batallas juveniles de rap free style.

En realidad, no es nada nuevo el recurso de utilizar audiovisuales para enseñar las más variadas disciplinas. En historia del arte y arquitectura su uso parece obvio, al igual que para explicar ciencias naturales, física o astronomía. El tiempo ha ido ampliando el abanico de posibilidades y la experiencia sugiere que, en particular, ciertos conceptos de la filosofía y las ciencias sociales habilitan modos de conexión con el estudiante prácticamente vedados a las clases expositivas.

Cuando hablo de “audiovisuales” me refiero a distintas formas de comunicación que incluyen desde luego al cine, pero también al videoclip, a las series, al registro de un concierto, a un corto publicitario,  a un video casero de YouTube,  a cualquier registro sonoro y visual que circule por las redes sociales o la TV. Desde hace unos quince años he aplicado de forma sistemática este recurso y me consta que el modo personal en que cada uno lo utiliza provoca experiencias que suelen ser gratificantes pero siempre muy diferentes, tanto para el docente como para los grupos donde esta modalidad se hace costumbre.

Desde los tiempos de mis cursos de ensayo, cine y filosofía en la Unión Latina de Thomas Lowy, o de la Diplomatura en Gestión Cultural de la Ex Fundación Bank Boston, hasta los doce años de dictar diferentes materias en una universidad privada (Universidad ORT Uruguay), la apelación sistemática a fragmentos audiovisuales para explicar cuestiones de cierto nivel de abstracción me ha reportado una experiencia invalorable en lo personal. Pero además, si no me engaño mucho, ha detonado también a lo largo de los años procesos de aprendizaje notables en muchas otras personas.

De Gorlero a Santiago Vázquez

Hace pocos años fundamenté esta perspectiva dejando bien claro que estos materiales no se deben incluir como elementos de mera “motivación” sino que constituyen en sí mismos objetos de indagación e interpretación, al igual que si se tratase de libros o artículos de prensa dentro de un curso universitario. La experiencia internacional es abundante en tal sentido y hacia el año 2012 bastaba para comprobarlo hojear el portal de la Universidad de Harvard en varias asignaturas. 

Sin pretender una enumeración exhaustiva: “Anthropology and Film” se enfocaba en el registro etnográfico tanto como en el cine de ficción; “The Politics of Language and Identity in Latin America” incluía música y cine de difusión popular; y el curso “The Horror of Anthropology” exploraba específicamente las convenciones culturales del cine de horror. Son dignas de muy especial mención materias como “Creole Pop Iconographies” y “The Frankfurt School, Film, and Popular Culture”, por su dimensión mediática y desde luego visual entre otras (Harvard University 2012-13, Course Catalog, Faculty of Arts and Sciences).

Para ilustrar el mismo recurso pedagógico con distintos cometidos, el fomento de la argumentación razonable y la apropiación cabal de cuestiones multidimensionales como las referidas al arte popular, el cambio climático, las drogas, el terrorismo o las migraciones, requiere participar, en algún grado al menos, de cierta mirada integral, compleja, como la asumida con orgullo en instituciones francesas en áreas de investigación. Por ejemplo, en el portal de Paris Diderot puede leerse: “La investigación es realizada por laboratorios repartidos en los tres grandes sectores (Medicina / Ciencias / Letras y ciencias humanas y sociales). Si bien el nivel de especialización es grande en cada una de las disciplinas, la originalidad de Paris Diderot reside en fomentar las investigaciones interdisciplinarias innovadoras”.

Por si fuera poco, el paradigma de la complejidad, la conciencia de los múltiples impactos entre dimensiones dispares, surgen con claridad de la declaración del portal de la Université de Paris-Sorbonne: “La política de investigación está basada en la sinergia de tres campos principales: las disciplinas de letras y ciencias humanas (de las más clásicas a las más recientes); las lenguas y civilizaciones; la aplicación de métodos informáticos a las ciencias humanas, incluidas las ciencias del lenguaje”. 

De modo que hay buenos fundamentos para optar por la estrategia de ver para entender. Es decir, usar audiovisuales para habilitar una apropiación más eficaz de un tema, como quien muestra un organismo viviente, desempeñando alguna de sus funciones vitales delante de la cámara.

Tuve oportunidad de teorizar en varias oportunidades sobre esta perspectiva. Por ejemplo, en 2008 en la serie de artículos “Cine para entender el mundo”, en la revista Letras Internacionales, publicación elaborada por la coordinación académica de la Licenciatura en Estudios Internacionales de Universidad ORT Uruguay.  Pero nada mejor que proporcionar un par de buenos ejemplos para mostrar la ductilidad del método.




El 20 de octubre de 2017, fui invitado a compartir una jornada sobre “La caverna de Platón” en el Espacio Cultural Gorlero, junto a Alejandra Legorburo, directora honoraria de Nueva Acrópolis Maldonado. El nexo lo había facilitado la generosidad de Pascual Barbalace, asistente de los encuentros semanales de Africanía en Montevideo. 

Entonces  analicé la tercera temporada de la serie Black Mirror de Charlie Brooker,  para mostrar la vigencia de algunos conceptos clave en Platón. Por ejemplo, me referí a las amenazas al honor en "Shut Up and Dance"; a la idea de que conocer es reconocer en "Men against Fire", sea en virtud de los implantes cerebrales que desfiguran la percepción de los soldados en ese episodio, o por la ideología pura y dura que justifica crímenes; y también a la posible preservación de la identidad bajo distintos "envases" en "San Junípero", y algunas otras cuestiones conexas con la perduración de la mente después de la muerte. 

La metáfora de la caverna platónica también permitió hablar de los medios masivos y lo que presentan como “realidad”. Una audiencia nutrida, de todas las edades, siguió atenta las reflexiones, aunque no hubo otra exhibición que las diapo de una presentación con imágenes fijas.





Pero regresemos al Complejo Penitenciario de Santiago Vázquez. El jueves 9 de noviembre de 2017 yo había concurrido como voluntario, junto al paleontólogo Richard Fariña, para dar una charla sobre temas consensuados con referentes pedagógicos del centro. La entonces funcionaria Alicia Sadetzki, estudiante de mi taller semanal sobre cine y  filosofía, me había propuesto que fuera, o llevara a alguien para hablar de literatura, disciplina que los propios reclusos solicitaban. Por eso fue que Fariña habló de “La ciencia como literatura” y yo me ocupé de “Los filósofos como escritores”. De ahí la mención a Sartre de la anécdota inicial. 

Durante dos horas la atención fue extraordinaria, las interrogantes se multiplicaron desde una audiencia de unos treinta y pico de reclusos, que interactuaban con total naturalidad y corrección. Importa subrayar que pude, por ejemplo, hablar de la existencia de Dios como problema filosófico y sugerir que entre creer y descreer puede haber otra alternativa:  la búsqueda, mezcla de duda y esperanza.

De nuevo acudió en mi ayuda un breve fragmento del espectáculo de Agarrate Catalina, “El corso del ser humano”:  “Un ser humano inmensamente solo / alumbrando como puede / con la pobre lucecita remendada de su fe, / la gigantesca nada./ (…) Un ser humano aferrándose a la idea, / reclamando la posibilidad, / suplicando la existencia / de un orden, de un algo / Que explique lo inexplicable”. Sin ver los gestos del que monologaba, sin escuchar su voz, se hubiera hecho mucho más difícil explicar la cuestión de la existencia de Dios y sus ricas alternativas.

¿Qué muestran estos heterogéneos ejemplos? Que sabiendo cortar los trozos a exhibir, es mejor ver (y oír) para entender. Siempre que la palabra acuda luego a iluminar con más profundidad y sentido, como pedía Sartori en su famoso Homo videns. La sociedad teledirigida. Otra experiencia, en un espacio cultural del barrio Palermo de Montevideo, permitirá mostrar algunos detalles adicionales.

Encuentros Ciné-Filos

Inicialmente la idea era crear un club de debates, o al menos una suerte de taller de teoría de la argumentación.  El título pretendía jugar con una sonoridad parecida al café-filó de los franceses. La Asociación Civil Africanía, gracias a la buena disposición de su director Tomás Olivera, ofreció su sede para estos encuentros durante siete meses.

El taller fue siempre de carácter gratuito. Claro que esto no era teoría del cine, ni historia del cine sino una propuesta para cruzar cine y filosofía. Para la teoría de la argumentación y la identificación de falacias, estaba previsto  leer autores como Perelman y Olbrechts-Tyteca, Van Esmeren y Grootendorst, Sagan y, por supuesto, Vaz Ferreira y su Lógica viva. Finalmente Carl Sagan  y el capítulo 12 de El mundo y sus demonios  acaparó la lectura minuciosa. Ocurre que para muchos participantes de los encuentros, carentes en su mayoría de formación filosófica, Vaz Ferreira hoy –increíblemente- resulta complicado o tedioso, en cambio Sagan define con rapidez  cada falacia. 

La experiencia cinematográfica  fue elocuente por sí misma, con escenas de 12 Angry Men (Sidney Lumet, 1957) y una selección de pasajes de discusiones políticas de House of Cards (David Fincher, Kevin Spacey, 2013). Para aprovechar mejor ese clásico de Sidney Lumet lo más aconsejable es La filosofía va al cine (Tecnos/Alianza, 2005) de Christopher Falzon, capítulo “El Santo Grial. El pensamiento crítico”. Pero no muchos siguieron mi consejo.

Dedicamos semanas enteras al problema del reconocimiento en la filosofía, desde Hegel hasta Richard Sennett, Francis Fukuyama y Axel Honneth. La lectura de libros como El respeto (Sennett) o Confianza (Fukuyama) no suscitó tantas enérgicas discusiones como Ómnibus 174 (José Padilha, 2002) o la imperdible escena del juicio con Al Pacino como Shylock en El Mercader de Venecia (Michael Radford, 2004).

No es exhaustiva, por supuesto, esta lista, que apenas procura mostrar unos apuntes más o menos representativos de los encuentros ciné-filos, edición 2017. Pero debe decirse que la cuestión del poder enfocado desde la filosofía política involucró lecturas como algunas páginas de Joseph Nye y su soft power, ilustrado luego por La Reina (Stephen Frears, 2006) Y también vimos y quizás algunos leyeron, la polémica entre Noam Chomsky y Michel Foucault en la TV holandesa. El film basado en hechos reales En el nombre del padre (Jim Sheridan, 1993) fue ocasión de reflexiones algo ásperas: el terrorismo de Estado condenó a un grupo de personas inocentes a la cárcel y a la muerte, a partir de lo ocurrido en tiempos conflictivos entre  Irlanda del Norte y los ingleses. Recomendé textos de Michael Walzer para este punto.

Slavoj Žižek es uno de mis favoritos para vincular cine con filosofía, psicología profunda, filosofía política y demás. En toda su obra escrita sus referencias al cine son constantes pero debe mencionarse Lacrimae Rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio (Debate, Buenos Aires, 2006). Sin embargo, mejor que sus digresivos textos, son preferibles sus documentales La guía cinematográfica del perverso (2006) y La guía perversa de la ideología (2012). Claro que cuando se trata de ilustrar otras tendencias teóricas, por ejemplo, acerca de las funciones de los medios masivos, es mejor leer con detenimiento a Robert Merton y Paul Lazarsfeld y luego comprobar la “reafirmación de normas sociales” con films del gran documentalista argentino Enrique Piñeyro, como El Rati Horror Show  (2010) o Fuerza Aérea S.A. (2006). 




Pensar mirando

No abundaré en los fundamentos pedagógicos porque estas líneas constituyen la crónica de una experiencia y no un artículo académico. Pero debo señalar al menos que se justifica el uso selectivo pero sistemático de audiovisuales a efectos de:

a) Disponer de referencias compartidas claras. Cuando un grupo posee en su acervo el haber visto y analizado determinados audiovisuales, toda explicación o debate puede referirse a ellos, sin la complicación del discurso que apela a lecturas de autores, hecho harto más improbable. Por  ejemplo, es más fácil que todos hayan visto Where to invade next (2015) de Michael Moore y asumiéndolo partir de allí para realizar una explicación.

b) Optimizar el uso del tiempo en el acceso a un tema. Es claro que leer libros no ahorra ver películas. Ni ver películas dispensa de leer libros. Pero pudiendo introducirnos en los sutiles detalles de una realidad nueva para nosotros, parecería que en cada momento, lo mejor, es apelar al recurso que más elementos nos transmita y en menos tiempo. ¿Cuánto tiempo lleva leer un libro de historia comparado con una reconstrucción cinematográfica seria de un período histórico? ¿Sería razonable prescindir de infografías o animaciones para cotejar mejor datos estadísticos?

c) Lograr una comprensión más integral del asunto abordado. Después de todo, un acceso integral, emotivo y racional a la vez, a determinada problemática –que insume menos de dos horas, a lo máximo, si se trata de una película– no parece un recurso desdeñable.  El hecho de que un audiovisual supone siempre un guión o una narración, da un significado que se percibe en una mirada de conjunto y perdura en la memoria porque se asocia a un relato.

Durante el ciclo 2017 de los encuentros ciné-filos de Africanía, recibimos profesores invitados a exponer sobre temas muy diferentes. En todos estos casos, los puntos anteriores se mostraron notoriamente relevantes. 


 “Pensar mirando”. Nicolás Erramuspe y Santiago López.
24 de octubre de 2017


En primer lugar, la teoría del cine estuvo presente en la charla “Pensar mirando”, en la cual Nicolás Erramuspe y Santiago López (ambos de la FIC-UdelaR) dieron muestras a las claras de su erudición. Nicolás Erramuspe abordó "Invasión británica: Grierson, ideología y política en el cine-documental". ¿Entretenimiento o arte? En realidad, el cine puede ser considerado una “institución”, en el sentido de mostrar en forma persuasiva el sentido de los grandes emprendimientos de las naciones y de la multitud de seres anónimos que los hacen posible. En un momento dijo Erramuspe: “Los ingleses han sido claros en llamar al documental Non-Fiction. O sea no ficción - no definición, como indica Antonio Weinrichter. Y en ese vacío es donde Grierson crea su definición canónica”.

La venida de Grierson al Uruguay, su posible incidencia en nuestro país, ciertos ejemplos incómodos como "Uruguay hoy" de la DINARP, el film Dunkerke (Christopher Nolan, 2017) o cierta aplicación involuntaria de las nobles inspiraciones de Grierson como el programa "Industria uruguaya" conducido por Nano Folle (Canal 10), sugirieron las múltiples direcciones de la enorme aplicación práctica de algo que en principio podría parecer una curiosidad histórica, de interés apenas “teórico”. Por ello se analizó un fragmento de Drifters (1929) de Grierson.

Por su parte, Santiago López ofreció su "Crítica a la representación pura: lo obtuso y el a-cinemá". Su exposición fue profunda y exigente. Pero lo fue, por cierto, de modo muy inusual respecto de lo que a menudo leemos o escuchamos sobre el vasto mundo del audiovisual y del problema filosófico de la “representación”.

López comenzó escribiendo mal, en forma adrede, la palabra “representación”, con incompletas letras mayúsculas, con un marcador negro sobre la pizarra blanca. Su escritura era deliberadamente precaria y desde el vamos planteaba el problema de la engañosa incompletud de toda representación. Luego se concentró en una escena célebre de Blow Up (Antonioni, 1966). Afirmó López: “Por un lado, toda representación supone el beneficio de la economía del signo: puedo acceder a la narrativa de cualquier objeto a través de la mediación de la imagen. Pero por otro lado, también supone un veneno: ¿hasta qué punto puedo separar aquello que es real de aquello que es una ilusión de la representación?”. Deberíamos releer cien veces esa frase, antes de sentarnos a ver el informativo todas las noches. Los autores en el núcleo de la exposición de Santiago López fueron Barthes y Lyotard. El estilo de Santiago López es peculiar; va pensando a medida que va explicando, es como si viéramos al chef en plena cocina inmediatamente antes de servirnos un delicado plato.


 “Mujer, cine e Islam”. Susana Mangana. 31 de octubre de 2017


Otra visita importante del ciclo 2017 de los encuentros de cine y filosofía de Africanía, fue la profesora Susana Mangana de  la Universidad Católica del Uruguay, responsable de la Cátedra de Islam y Mundo Árabe. La convocatoria se realizó bajo la consigna “Mujer, cine e Islam”. La especialista ilustró muchos de los conceptos clave de ese mundo de gran riqueza histórica y cultural, a través del comentario de películas como La bicicleta verde (2012) de Haifaa Al-Mansour Al Zulfi (Arabia Saudita) y La fuente de la mujeres (2011) de Radu Mihaileanu. Así como no se puede generalizar acerca de “la” mujer occidental, porque las experiencias son múltiples, tampoco deberíamos hacer afirmaciones monolíticas acerca de las mujeres musulmanas. La exposición de dos horas abarcó muchos aspectos, y el cine una vez más se reveló como una vía artística y disfrutable para ingresar a ese mundo que ignoramos, o que conocemos por medio de simplificaciones groseras.

El mismo día que la profesora Susana Mangana dio su charla, el profesor Gastón Sosa Michelena la prologó con una breve presentación de su hermoso  libro Guiños de un profesor. Educación y cine (Torre del Vigía, 2016). Esas páginas de Gastón Sosa constituyen una reflexión vocacional y desde el aula, hecha con mucha perspicacia. Incluye un nutrido conjunto de fichas de películas para utilizar en clase sobre distintos temas.

Después de esta apretada crónica, que deja muchos títulos fuera, se abren en el futuro buenas perspectivas para el uso filosófico y científico de audiovisuales en contextos de educación formal tanto como en el ámbito de la tarea educativa no formal de municipios, asociaciones civiles, centros de reclusión y espacios culturales. Muchos docentes ya  están  embarcados desde hace años de un modo u otro en esta estrategia, dentro de sus diferentes posibilidades. Los estudiantes no solamente reciben la propuesta  con naturalidad sino que esperan que se apele en algún grado a recursos audiovisuales como lo pude comprobar en numerosas oportunidades.

Por mencionar una experiencia reciente, el viernes 8 de setiembre de 2017 compartimos una charla sobre ciencia, tecnología y educación en el CERP de Colonia, junto a los colegas Marina Camejo y Pablo Melogno. En mi intervención resumí algunas ideas ya expresadas en el coloquio «Ciencia, tecnología y educación: miradas desde la filosofía de la ciencia» realizado en mayo 2017 en ambas orillas del Río de la Plata (FIC-Udelar, Universidad Católica de Buenos Aires). Yo hablé de la ciencia como proceso social, invité a la apropiación ciudadana de la ciencia y vimos un fragmento de The Human Experiment (Dana Dachman & Don Hardy, 2013) donde se documentan prácticas de engañosa comunicación corporativa y lobbying.



CERP Colonia. 8 de setiembre de 2017

En cuanto a nuestra personal peripecia, en lo referido a la serie de artículos “Cine para entender el mundo” y la experiencia de Africanía, el lector interesado en obtener más información puede acudir a contenidos anteriores de este mismo blog. 

Importa consignar que al final de la charla en el Centro Penitenciario de Santiago Vázquez, los reclusos, muy jóvenes en su mayoría, se acercaron a pedirnos que regresáramos con más charlas de ciencia, filosofía y literatura.  Trabajamos ahora con otros colegas para coordinar y planificar un programa básico, que prolongue y aproveche todo lo que ya están haciendo otros docentes en ese ámbito tan difícil. Yo cometí la imprudencia, quizás, de ir a hablar de las distintas posturas sobre la existencia de Dios, sobre la libertad según Sartre y las luchas del honor y el reconocimiento en la filosofía actual. Sin embargo, no salió mal.

Se necesita mucho autocontrol para escuchar con atención durante dos horas y hasta preguntar sobre todo eso. Se necesita vencer el deseo de no pensar y pasar al acto, abrir la puerta e irse al patio. Después de todo, era un día soleado y sonaban los repiques de una cuerda de tambores. Las familias de los presos ya estaban llegando porque era día de visita. Pero ellos permanecieron sin presiones en el salón de clase, escuchando.

Ojalá hubiéramos conversado mucho antes.

* Donde se hace referencia a “Centro Penitenciario” debería decir UIPPL (Unidad de Internación de Personas Privadas de Libertad) No. 4 “Santiago Vázquez”. Fuente: “Ver para entender. Del cine a la filosofía” de Agustín Courtoisie, fue publicado originalmente en la revista Relaciones Nro. 403, Diciembre 2017, págs. 31-33.


* * *



SEPARATA LIBROS & VÍDEOS




OLIVER SACKS: En movimiento. Una vida. Anagrama, Barcelona, 2015. 450 págs. Traducción de Damià Alou. 

Es para poner en movimiento la vida de cualquiera esta autobiografía del médico británico Oliver Sacks (1933-2015).

Muy conocido a través de libros como Despertares –que dio origen al film del mismo nombre– ,  La isla de los ciegos al color, Un antropólogo en Marte, o El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, entre muchos otros, pese a su inmenso éxito literario y a su celebrada empatía con graves pacientes neurológicos, recibió críticas de algunos de sus colegas y de defensores de las personas en situación de discapacidad. Por ejemplo, alguien para referirse a Sachs habló del “hombre que confundió a sus pacientes con una carrera literaria”.

Judío, ateo, narrador extraordinariamente seductor, en esta autobiografía habla de su complicada familia, de su gusto por las motos, la natación, las pesas, los experimentos con drogas y muchos detalles –sobre todo afectivos pero no en forma excluyente– de sus vínculos homosexuales. Cuando se enteró su madre le dijo: “eres una abominación, ojalá no hubieras nacido” (pág. 19). Su ida a los EE.UU involucró un cambio significativo: múltiples instituciones se beneficiaron de sus aportes científicos y humanitarios.

Conoció a Robert de Niro y sorprenden gratamente las descripciones que da de “Bob” y en especial de Robin Williams, cuando se filmó Despertares, con base en el libro del mismo nombre.

El epígrafe de Kierkegaard del libro es tan agudo como todas y cada una de estas páginas generosas (por momentos livianas, por momentos trágicas, pero siempre atractivas): “La vida hay que vivirla hacia adelante, pero sólo se puede comprender hacia atrás”.

En realidad, ese consejo puede ponerse en duda porque es tal la fascinación  que genera En movimiento, que el lector deseará andar a los saltos con la línea de tiempo. Y puede que vaya, como me ocurrió a mí, del epígrafe a las estupendas fotos en color y en blanco y negro. Y luego caiga ansioso y por azar en la página 343, a partir de la cual se narran las incidencias tras bambalinas de Despertares y las conversaciones con Robin Williams que haría de médico.

Algo lo llevará a la página 134 y 135, donde narra una alucinación terrible después de experimentar con un fármaco indicado para el Parkinson, mientras prepara huevos con jamón para sus amigos. La lectura seguirá pareja y usted no se va a distraer porque  en la página 140 relata  sus amoríos con Mel, un joven que hacía el servicio militar en la armada. En la página 143 puede que se distienda por una bizarra escena de sexo con Mel, hasta el trágico encuentro tiempo después en un baño gay de San Francisco. Allí se vieron por última vez y su amigo confirmó el origen de las múltiples manchas en la piel: neurofibromatosis. 

Muchos capítulos más tarde, Sacks se enfrentará al terrible diagnóstico de un melanoma en su ojo derecho (pág. 421). Pero ese hombre era puro proyecto y energía en 2008, con 75 años, conoce y se enamora de Bill Hayes, el autor de The Anatomist.

Dicho todo lo cual, declaro que no es aconsejable ese método, similar al sugerido por Julio Cortázar en Rayuela. Lea todo de corrido, no cometa el error que cometí yo. Es que llegó un momento en que cada capítulo me resultaba conocido por haberlo leído antes a través de ese picoteo. Pero por culpa de esa ansiedad voraz estuve a punto de perderme la semblanza que nuestro autor hace de Francis Crick, que descubrió junto a James Watson la estructura de “doble hélice” del ADN, y después se dedicó a temas muy similares a los de Sacks (pág. 386 y siguientes).

En movimiento había circulado  hace tiempo en librerías de Montevideo. Pero con todo lo que hay para leer –y ver– lo postergué. Ya devoré esta autobiografía y ahora estoy buscando los demás libros de Oliver Sacks que había dejado de lado. Fiel a mi modus operandi voy a empezar por uno de los últimos: Alucinaciones.
 
* * *


GRACIELA BERRO, JORGE COHEN, DIEGO SILVA BALERIO, Engarronados. Relatos y experiencias de adolescentes en el sistema penal juvenil. Edición  de BetúmSan – Defensa de los Niños Internacional Uruguay – Proyecto Regional de Justicia Juvenil. Montevideo, 2008. 154 págs.

Este libro tiene casi 10 años pero lo esencial en él sigue siendo vigente: “La tasa de homicidios  cada 100.000 habitantes de nuestro país es la más baja de Latinoamérica y la participación de los adolescentes en este grave delito es estable desde hace más de 15 años. A pesar de esta evidencia, los ciudadanos nos sentimos amenazados, tenemos miedo de los adolescentes, cruzamos la vereda cuando vemos a algunos de ellos en las calles de Montevideo”. Vea el lector los datos de marzo de 2017: http://www.republica.com.uy/tasa-de-homicidios/

Graciela Berro es una ex jueza de menores,  Jorge Cohen es psicólogo y Diego Silva Balerio es educador social. Es una combinación formidable para enfrentar los crudos testimonios de los menores involucrados en este libro, verdadero núcleo duro de estas páginas, cuya lectura conmoverá a cualquier persona que haya logrado conservar los ojos despejados de las mentiras constantes de los medios de comunicación masivos. 

Ahora que la sensibilidad uruguaya parece exacerbada por el asesinato de menores de edad, parece oportuno recomendar estos testimonios que abarcan “El sistema de control y represión”, “Sexo y abuso”, “Mujeres”, “Drogas”, “Tatuajes”, “Las tribus”, “Robo – Ganar”, “Armas – Violencia” y un desgarrador  “Diario de un internado”.  Pero hay que tener un poquito de inteligencia emocional. El malo de la película no siempre es un individuo perverso. El sistema social también ha sido pedófilo y criminal con estos menores Engarronados.

* * *


BYUNG – CHUL HAN, Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Colección Pensamiento Herder. Dirigida por Manuel Cruz. Barcelona, 2014. 127 páginas. Traducción de Alfredo Bergés.

Habrá que estar atentos ante este coreano nacido en Seúl en 1959. Claro que la variedad de temas que ha venido abordando lo hacen parecer una especie de Fernando Savater oriental. Basta observar algunos de sus breviarios publicados en español:  La sociedad del cansancio, La sociedad de la transparencia, La agonía del Eros o La filosofía del budismo zen. Advierto que respecto del pensador vasco, su estilo es más de ceño fruncido, propio de textos académicos, carentes de la amabilidad periodística.

Byung-Chul Han se doctoró en la Universidad de Friburgo con una tesis sobre Martin Heidegger y hoy es profesor de Filosofía y Estudios Culturales en la Universidad de las Artes de Berlín.

La tesis no es nueva pero está bien argumentada:  la psicopolítica del sistema de dominación hoy apela también al smart power, la seducción, para que las personas se sometan a sí mismas sin necesidad de que se las oprima. Además de apelar a Foucault y a Deleuze, alternando con reflexiones sobre Big Data o “la ludificación”, es muy iluminador el epígrafe de Jenny Holzer: “Protégeme de lo que quiero”.

* * *







LA CEGUERA DEL PODER
Pablo Valle 

Wall Street, de Oliver Stone (1987) tuvo la intención en su origen, de ser una crítica a la creciente avaricia de los años 80. De mostrar un juego inescrupuloso y sin otra regla que la de hacer dinero. Pero fue tomada como una celebración de la codicia desenfrenada y sin límites.

El tiempo del laissez faire había llegado para quedarse. Una época siniestra comenzaba, donde al servicio de un sistema proclive a los intereses de una élite, las clases medias y bajas empezaron a sufrir las consecuencias de un modelo económico sin control ni regulaciones, que pretendía arroparlos, cuando lo que en verdad hacia era dejarlos poco a poco a la intemperie.

En Too Big to fail, de Curtis Hanson (2011), se demuestra como en la debacle del 2008, en el pico de esta corriente desbocada de egoísmo y ambición, el gobierno salió a cubrir a los bancos. Pero en esa muestra inusitada de intervencionismo estatal (porque en ésa ocasión si les servía que el Estado tomara parte), las enormes pérdidas, como siempre, fueron a padecerlas los más débiles.

Millones sufrieron las pérdidas de su casa o empleo, mientras los especuladores responsables de este derrumbamiento de la economía global, no sufrieron las consecuencias de sus crímenes, pues ni uno sólo fue a prisión, ni tampoco se les puso condiciones en su salvataje, para que repararan aunque fuera en una parte, los enormes daños causados por su dolosa acción, como el genial documental Inside Job, de Charles Ferguson (2010), evidencia con claridad.

En la continuación del también gran documental  An Inconvenient Truth (2006) de Al Gore, diez años después de la primera, An Inconvenient Secuel: Truth to Power (2017), se muestra a las claras como deben enfrentarse las organizaciones por la lucha por detener el cambio climático, contra fuerzas poderosas que hacen valer su influencia para impedir cambios en las formas de producción económica más dañinas para la Naturaleza, empezando por negar que exista tal desequilibrio, y ejerciendo la presión de sus lobbies para que sigan siendo sus falsas concepciones las predominantes en el escenario internacional.

Hay un modus operandi de un ínfimo sector dominante que defiende a ultranza un status quo, donde las cosas se hacen de una manera, o no se hacen, a pesar de lo irracional y enfermizo que sea continuar haciéndolas así. Pues serán trágicas las implicaciones que traerá aparejado su prosecución, como pretenden los que siguen rechazando las consecuencias de sus actos de maldad ignorante.

Ciegos de vanidad y sordos a las declamaciones por la sensatez en el manejo de los preciados recursos que el planeta generosamente nos brinda, su accionar no hace más que demostrar la forma más pueril de corrupción por el dominio del poder.

Pero otra forma de administración de esos valiosos bienes debe emerger, otro perfil de conducción debe nacer, para que otra realidad, afín a un camino virtuoso, se empiece a dibujar en el horizonte.

* * *

NOTA. En relación con el informe central de esta edición de Filosofismas, consignemos que una estudiante de los "encuentros ciné-filos" de la Asociación Civil Africanía, cuando se le preguntó qué elementos preservaría y cuáles modificaría de ese taller anual, nos hizo llegar esta constructiva respuesta: 

"Una de las cosas que mantendría son, sin duda, las temáticas abordadas (el reconocimiento, la teoría de la argumentación, la agenda setting, el poder, etc.) que nos permiten conocer más el sentir y actuar del ser humano, en tanto ser individual y ser social.

"Particularmente, me enriquecieron mucho, y me permiten ahora comprender, detectar y/o explicar ciertos comportamientos humanos, identificar situaciones a las que debemos estar atentos, además de interpelarnos como individuos y como sociedad con el fin de mejorar, denunciar hechos y lograr cambios, cada uno aportando desde su lugar.

"Una cosa que incorporaría, sería alguna/s clase/s donde veamos alguna obrita con actitudes/iniciativas positivas que refuercen por qué, a pesar de todo lo demás, debemos tener fe en la humanidad.

"Es que, con todo lo que sucede, ¡es difícil mantener la fe en la humanidad! Creo que a medida que uno crece se va perdiendo, y éstos pueden ser caminos para reencontrarla (¡o al menos intentarlo!)."




Licencia de Creative Commons