viernes, 8 de junio de 2018

“Venezuela es una dictadura y debe correr sangre para derrocarla”


OSCAR BOTTINELLI / LEANDRO GRILLE /  JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO / JEAN-LUC MÉLENCHON / JAVIER COUSO / PABLO IGLESIAS EN FORT APACHE / RAFAEL UZCÁTEGUI




LA VERDAD NO EXISTE Y OTROS CUENTOS
¿Por qué son tan irresistibles las falsas noticias?
(Parte IV)

Agustín Courtoisie

 
Nuestro primer encuentro de Ciné-Filos del 1° de junio abordó cuatro grandes grupos de falsas noticias, como la que da título a esta entrada del blog. Me voy a permitir un preámbulo sobre el caso Venezuela, el último de los analizados. No era pertinente hacerlo en el ámbito amigable y didáctico de la Asociación Civil Africanía. Lo voy a hacer ahora para luego compartir los dos videos de Youtube que vimos y comentamos entonces, agregando algunos recursos adicionales.


Yo no quiero drones yanquis, ni mercenarios, ni nuevas dictaduras en América Latina. Tampoco falsas democracias que operan mediante un blindaje mediático y un poder judicial que aplica doble rasero según a quiénes juzga, como ocurre en Argentina. Yo sólo quiero la paz, nada más, pero nada menos.


A mí no me importa tanto si Maduro sí, o Maduro no. Al gobierno bolivariano lo están bloqueando, boicoteando como a Allende en el 73. En años recientes terroristas infiltrados entre los opositores, o un sector de éstos, quemaron vivos a varios chavistas.


Cuidado: no todos los opositores son iguales, pero durante los últimos años mataron tanta o más gente en las calles que las fuerzas bolivarianas y atacaron con helicópteros edificios del Estado. En vida de Chávez, en abril de 2002, Henrique Capriles participó del asedio de la embajada de Cuba en Caracas buscando chavistas.


La crisis económica la inspira y financia EE.UU y sus aliados, convencidos o temerosos. ¿No hay para medicinas ni pan? ¿Cómo ciertos sectores de la oposición consiguen las armas sofisticadas? ¿Cómo pagan las máscaras antigases? ¿Y los helicópteros? Y la campaña internacional para una salida violenta en Venezuela, porque de eso se trata, ¿quiénes la orquestan?
No es posible aceptar estas presiones que conducen a la violencia y a la guerra civil, por parte de los EE.UU y los malos criollos. Tiempo habrá de marcar las discrepancias y las responsabilidades de cada gobernante latinoamericano, que seguramente las hay. Pero mientras tanto, se deben encauzar los procesos con la precondición de cualquier camino: la paz.


En el Uruguay, Julio María Sanguinetti llegó a la presidencia en 1985 con los dos principales candidatos opositores presos (Wilson Ferreira y Líber Seregni). ¿Por qué perdería legitimidad el último proceso electoral en Venezuela si los principales opositores presos incitaron a la violencia?


En cuanto al Partido Nacional, nunca reaccionó en forma violenta cuando desplazaron a Wilson Ferreira en dos oportunidades: 1971 y 1984.  En 1971 por el fraude demostrado por la investigación de Daniel Corbo cómo hacer presidente a un candidato sin votos.  En 1984, por el Pacto del Club Naval. ¿Entonces por qué le piden a los venezolanos decentes que sigan las directivas de los dos terroristas encarcelados, Henrique Capriles y Leopoldo López?


Más en general, frente al coro hegemónico de la opinión internacional  y sus repetidores en la TV abierta del Uruguay y el resto de los medios, que exigen cosas  que solo pueden conducir a una salida violenta, ¿no es imperativo responder que si no se reconocen las elecciones venezolanas lo que queda es tener una Libia en América Latina? Es decir, convertir a Venezuela en Afganistán, Irak, Siria, la franja de Gaza, Yemen ...


Al imponerse “la estrategia del caos”, tal como lo ha documentado el belga Michel Collon, los grandes poderes del mundo expolian sin construir nada arriba o al costado del manicomio y el cementerio que dejan (Eduardo Galeano dixit), como solían hacerlo los imperios de antaño.


Es preciso escuchar otras voces. Por ejemplo, lo que dice el ex presidente español Rodríguez Zapatero, o el ex candidato Jean-Luc Mélenchon, o el euro diputado Javier Couso. O al menos, más modestamente, leer a Bottinelli. O prestar atención a Leandro Grille.  


Dicho sea de paso, un factor relevante de las dificultades económicas de Venezuela reside en el hábito generalizado de la clase alta de llevarse el dinero fuera del país. Culturalmente esto no se ve como un delito y, por ejemplo, en Argentina esto es muy claro cuando el presidente Macri y la mayoría de sus ministros han reconocido esa práctica. En Venezuela, esto ha ocurrido antes, durante y después del gobierno de Chávez. Seguramente pasa hoy durante el gobierno de Nicolás Maduro. Ver por ejemplo la entrevista con Rodrigo Alonso: “Un economista uruguayo dentro del gobierno de Maduro” Según  informó radio Del Sol el 9/2/2018: “el economista Rodrigo Alonso trabajó como asesor de la Vicepresidencia de la República Bolivariana de Venezuela entre 2014 y 2015”.


Estas tristes inquietudes de alguien convencido de que solo la paz es la única meta legítima, permearon aquel encuentro reciente en Africanía sobre filosofía y medios de comunicación. Reitero que nos propusimos entonces estudiar algunos casos de falsas noticias, o de verdaderos conglomerados de ellas: "La verdad no existe y otros cuentos. ¿Por qué son tan irresistibles las noticias falsas?".

Naturalmente, no era pertinente especificar nada densamente político en ese ámbito (y mucho menos partidario ya que no pertenezco a partido alguno) para no chocar con personas que no conozco. Apenas compartí videos de YouTube y comenté algunos textos. 


La tarea de sacar conclusiones corresponde luego a cada uno.



OSCAR BOTTINELLI: el sistema de votación en Venezuela "da muchas más garantías que el sistema uruguayo". El politólogo de Factum, observador en las elecciones de Venezuela, criticó la información "sesgada e incompleta" que circula sobre los comicios en los que ganó Nicolás Maduro.
http://www.montevideo.com.uy/Noticias/Bottinelli-sistema-de-votacion-en-Venezuela-da-muchas-mas-garantias-que-el-sistema-uruguayo--uc684079

JEAN-LUC MÉLENCHON: "El tema sobre Venezuela es una política internacional de desestabilización”: 




JAVIER COUSO: "Siéntense a dialogar y peleen en las elecciones... ¿O buscan una guerra civil?"





RODRÍGUEZ ZAPATERO: Vapuleado por izquieda y por derecha, fue meritorio el rol del ex presidente español en las últimas elecciones de Venezuela. La paz ante todo. 





OTROS RECURSOS SOBRE VENEZUELA Y FALSAS NOTICIAS


PORTALES WEB:60 casos de manipulación mediática de la oposición venezolana” (Blog “Un debate en mi cabeza”) http://undebateenmicabeza.blogspot.com/2014/02/recopilacion-de-casos-de-manipulacion.html



VIDEOS:  Leandro Grille (revista Caras&Caretas, uruguay). “Acompañante internacional dice al mundo por qué ganó Nicolás Maduro”. https://www.youtube.com/watch?v=6YpZFs2qm0s

 

Con Pablo Iglesias de Podemos: “Fort Apache: Más elecciones en Venezuela” https://www.youtube.com/watch?v=nht__0HVIsQ

Diputado Couso (Izquierda Unida, España), sobre Venezuela: “Dejen de desestabilizar una democracia con contrapesos constitucionales”: https://www.youtube.com/watch?v=PdoiK0m_wmI

Intervención en la Subcomisión (Derechos Humanos) del Parlamento Europeo de Javier Couso, eurodiputado de Izquierda Unida, acerca de la situación de los derechos humanos en Venezuela. “Javier Couso desmonta el doble rasero con el que la UE trata a Venezuela”: https://www.youtube.com/watch?v=0Jqde-bwZP8

Una yapa aunque no sea estrictamente sobre Venezuela pero permite conocer a dos referentes de la política europea ignorados por los grandes medios: “Otra Vuelta de Tuerka - Pablo Iglesias con Jean-Luc Mélenchon (Programa completo)”: https://www.youtube.com/watch?v=wrEKI-lM8Qc

LIBROS SUGERIDOS: Venezuela: la Revolución como espectáculo. Una crítica anarquista al gobierno bolivariano (2010) de Rafael Uzcátegui. Porque “lejos tanto de las mitificaciones de izquierda como de las críticas de los principales partidos políticos opositores, el texto ofrece una detallada y rigurosa sistematización de hechos y cifras que complejizan la maniquea visión que ha imperado sobre este país latinoamericano”.

Dictadura mediática en Venezuela. Investigación de una prensa por encima de toda sospecha (2004) de Luis Britto García. Porque la gente de Le Monde diplomatique no es la loca de la casa global, sino un tábano imprescindible.

La revolución sentimental (2012) de Beatriz Lecumberri. Porque critica a Chávez como “un gobernante carismático que no logra disimular su incomodidad ante los periodistas insumisos” pero las múltiples voces que impregnan estas páginas son “el retrato de un pueblo diverso al que tantos suelen ver en blanco y negro”.



martes, 22 de mayo de 2018

EL RENACER DE UN SUEÑO




FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=Io3uQ6Q4NlU



por PABLO VALLE 

Se estrenó en Netflix el 27 de abril pasado el notable documental  Bobby Kennedy for President  de Dawn Porter. En esta miniserie de 4 capítulos de una hora aproximadamente cada uno, se hace un repaso de la vida y obra de Robert Kennedy a 50 años de su fallecimiento.

Proveniente de una familia de la élite norteamericana,  su riqueza y posición no fueron impedimento para convertirse en el símbolo de la lucha contra la desigualdad social y la guerra en Vietnam, enmarcada en el contexto estratégico de la guerra fría con la URSS.

En el convulsionado Estados Unidos de 1968, la lucha por los derechos civiles de la población afroamericana y las protestas estudiantiles contra la intervención bélica marcaban la época, y su nombre representaba la esperanza de millones de americanos que deseaban un cambio de rumbo en el gobierno. Inmerso en la campaña interna de los demócratas, estaba a punto de lograr la nominación de su partido cuando fue asesinado  en Los Ángeles, California.

Había servido en la Administración de su hermano John como Fiscal General de los Estados Unidos, siendo su mano derecha y principal consejero hasta el magnicidio del 22 de noviembre de 1963. Renunció a su cargo en 1964, distanciado del presidente Johnson,  y luego fue electo Senador por el estado de Nueva York.

Sorprenden en el trabajo de Porter la riqueza de archivos, tanto de fotos como de videos restaurados en una óptima calidad de imagen, como la ágil pero profunda narración de la biografía. Es allí donde la emoción por el compromiso de sus ideas se combinan con la indignación contra los poderosos intereses a los que tuvo que enfrentar.

En ellas se resalta la identificación de Kennedy con los débiles y desposeídos de su nación, a los que los vastos recursos de la nación más rica del mundo no llegaban, pero si lo hacían a una guerra que llevaba miseria y desolación a otros, tan infelices como éstos, al otro lado del mundo.

Del trágico y abrupto final de su vida, como la de Martin Luther King en el mismo año y la de su hermano antes, se podrían hacer muchas conjeturas. Así como también sobre las repercusiones que su desaparición trajo aparejado en la sociedad norteamericana, y como país líder económico y militar, en el resto del mundo hasta el día de hoy.

Lo cierto es que éstos hombres que propugnaban por una sociedad más justa y libre, por el entendimiento y no por la confrontación tanto en el plano interno como en el externo, que eran la voz de aquellos que no la tenían, ni se les reconocía el derecho a que pudieran tenerla,  fueron acallados.  Y con ellos, se fueron también los posibles caminos de paz y reconciliación, que ya no se volverían a transitar.

Pero el emblema de sus ideales, a pesar de todo, se siguen transmitiendo de generación a generación, porque de forma inevitable vuelve a nacer una y otra vez,  el sueño que los llevó a entregar sus vidas. Éste es el sueño en el que se inspiran millones desde entonces, un sueño de hermandad y fraternidad que nunca morirá y que los hará seguir vivos por siempre.



* * *

 

Netflix's Bobby Kennedy for President review – portrait of an American tragedy

 

by SAM WOLLASTON (The Guardian)
 
(...) Nor is it just the gun control element that reverberates now. Danger abroad, poverty at home, civil unrest, disaffected youth, electoral interference (perhaps). Different times, same issues. And above it all hang big what-if questions: what if he hadn’t been killed that night, by Sirhan Sirhan (perhaps)? What if his brother hadn’t been killed? Would we be somewhere else today?


But the show really only comes alive in its final episode. Until then it’s accomplished but a little dry. Then, without going into detail, it becomes more than a classy cuts job. It has life breathed into it, becomes more investigative. But also more personal, more touching.

 

FUENTE: https://www.theguardian.com/tv-and-radio/2018/apr/27/bobby-kennedy-for-president-review-portrait-of-an-american-tragedy





viernes, 4 de mayo de 2018

LIBERALISMOS

Agustín Courtoisie
 



Elige a Karl Popper como uno de los autores que más le influyeron pero rechaza con dureza la propuesta del autor de La sociedad abierta y sus enemigos de controlar democráticamente los medios de comunicación. Expone con pulcritud el concepto de “libertad negativa” de Isaiah Berlin, pero desnuda su intimidad y sus hábitos mundanos. Defiende con efusión a José Ortega y Gasset como un hombre tolerante, que quedó en una tierra de nadie durante la guerra civil española entre ambos bandos, pero marca sin piedad su ignorancia en economía. Entretenido, polémico, incluso irritante por ciertas hemiplejias históricas, La llamada de la tribu (2018) de Vargas Llosa es de ineludible lectura, a condición de que no se desatiendan los matices que el autor introduce a cada paso.
 
Hace ya dos décadas, Arturo Ardao expresaba en un artículo de Cuadernos de Marcha que “el liberalismo económico de nuestros días recibe a menudo, de partidarios y adversarios, el prefijo ‘neo’, aunque más de una vez debiera recibir el de ‘paleo’…”. Y agregaba: “se omite en cambio, no menos habitualmente, el siempre obligado calificativo de ‘económico’ como si fuera por excelencia ‘el liberalismo’. Ni histórica ni conceptualmente es ello legítimo. El tradicionalmente llamado liberalismo político, asumido en toda su plenitud humanista es el único e imperecedero liberalismo sin más” (Ardao, 1997: 39).

La cita viene a cuento, justamente, a propósito del último libro de Mario Vargas Llosa, porque La llamada de la tribu es una recorrida por la vida y la obra de siete pensadores liberales: Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich Hayek, Karl Popper, Isaiah Berlin, Raymond Aron y Jean-François Revel. El conjunto de esta presentación ensayística y fresca posee momentos brillantes pero casi se ubica en la vereda opuesta de las precisiones de Ardao: el liberalismo según el peruano Vargas Llosa es uno solo, y las libertades políticas deben concebirse como formando parte del mercado libre.

Comenzamos a plantear esas dos miradas enfrentadas de Vargas Llosa con nuestro Arturo Ardao, pero luego deberíamos difuminar el contraste. Según Ardao, el liberalismo a secas es el liberalismo político y se puede ser liberal en lo político pero regulador en lo económico. Así han funcionado hasta hoy, por ejemplo, Noruega, Suecia y Finlandia, entre muchos otros. De la misma manera que, a la inversa, se puede ser liberal en lo económico, como en el Chile de Pinochet, en el contexto de una dictadura feroz que suprimió todas las libertades políticas. Sin embargo, para Vargas Llosa, el liberalismo político debe concebirse de modo indisoluble del liberalismo económico, si se desea evitar la degradación de la democracia liberal. En cualquier caso, tal como veremos, las aristas de esa discusión no siempre se dan con tanta nitidez.

¿ADAM SMITH “SOCIALDEMÓCRATA”?

Puede ser útil y entretenido un breve muestreo de esta estupenda y provocativa obra. El título alude a un “retorno del primitivismo y de ciertas formas de barbarie disimuladas bajo el atuendo de la modernidad” (Vargas Llosa, 2018: 78-79). El capítulo dedicado a Adam Smith ofrece una perspectiva sorprendente del autor de La riqueza de la naciones. La “mano invisible”, el egoísmo individual como motor del dinamismo económico y otros conceptos del referente teórico más famoso del liberalismo son explicados con fidelidad sin perder jamás cierto encantador didactismo. Ello no impide a Vargas Llosa recordar que “Adam Smith no era el ser cerebral y deshumanizado con que sus enemigos atacan al liberalismo. Por el contrario, era muy sensible al horror de la pobreza… la educación era indispensable y debía ser financiada, para quienes no podían costeársela, por el Estado o la sociedad civil… Defendía una educación pública junto a la privada” (opus cit.: 51). Los patrones deberían predicar con el ejemplo de su austeridad y dedicación al trabajo duro (opus cit.: 56).

 “Adam Smith es partidario del comercio libre, pero acepta que se pongan aranceles y prohibiciones si se tiene la seguridad de que con ello se va a aumentar el empleo o si la libertad total de importación amenaza con arruinar a los empresarios y manufactureros incapaces de competir con los productos importados” (opus cit.: 59). “El colonialismo, además de inmoral, es económicamente negativo” (opus cit.: 60). Y esto va a resultar aún más escandaloso a los neoliberales de esta latitudes: “Habla [Adam Smith] de fuentes de ingreso que mantienen al Gobierno, es decir, los impuestos, sosteniendo a ratos tesis que ahora llamaríamos socialdemócratas… Cree que los impuestos deben servir para ‘igualar’ los ingresos, cobrando más a los ricos y menos a los pobres, y evitando aquellos impuestos que por excesivos o arbitrarios invitan a la evasión” (opus cit.: 63).

A propósito de José Ortega y Gasset, afirma “su notable actualidad” y el mérito de advertir el “excesivo economicismo en que se ha confinado cierto liberalismo” (opus cit.: 69). Interpreta la ambigüedades políticas de Ortega, que llegó a ser diputado y recibió la República con gran optimismo, hasta la tragedia de la guerra civil, reconociendo que “sin duda, hubiera sido preferible que nunca regresara a España y muriera en el exilio, o asumiera una posición frontal y sin equívocos contra la dictadura [de Franco]” (opus cit.: 94). Su alejamiento de los bandos en pugna, su tolerancia, su ánimo de convivencia en paz y civilizada, era “una postura impracticable en aquella situación de violenta ruptura de la sociedad y de maniqueísmo beligerante, donde desaparecían los matices y la moderación, pero no era deshonesta” (opus cit.: 95).

Aunque le reprocha enfáticamente a Ortega su ignorancia en asuntos de economía y sus tentaciones intervencionistas, Vargas Llosa se permite algunos párrafos que muchos de sus seguidores de las últimas décadas harían bien en conocer. Es posible hoy, gracias a Ortega y Gasset, “redescubrir que, contrariamente a los que parecen suponer quienes se empeñan en reducir el liberalismo a una receta económica de mercados libres, reglas de juego equitativas, aranceles bajos, gastos públicos controlados y privatización de las empresas que aquél es, primero que nada, una actitud ante la vida y ante la sociedad, fundada en la tolerancia y el respeto, en el amor por la cultura, en una voluntad de coexistencia con el otro, con los otros, y en una defensa firme de la libertad como valor supremo” (opus cit.: 97). En esos párrafos, ¿sigue pareciendo Vargas Llosa tan distante de las precisiones históricas de Arturo Ardao?

La llamada de la tribu está lleno de otras sorpresas y valiosos contenidos. El capítulo de Hayek revela gran conocimiento del autor más allá de Camino de servidumbre (1944) y transita por ejemplo La constitución de la libertad (1960) y La fatal arrogancia (1989). Es bueno el paralelo entre Hayek y Keynes (opus cit.: 102 y ss.) y muy recomendable el señalamiento de que liberales y conservadores en absoluto son las misma cosa (opus cit.: 136 y ss.).

El capítulo dedicado a Karl Popper es una panorámica muy completa de su vida y obra, incluyendo explicaciones claras y competentes de la filosofía de la ciencia del autor, sin olvidar el concepto de “refutabilidad” y la teoría de los “tres mundos”. Es literaria e históricamente sabroso el relato del enfrentamiento entre Popper y Ludwig Wittgenstein, atizador en mano, discutiendo con vehemencia.

El capítulo sobre Raymond Aron es muy bueno también pero lo mejor de ese tramo es el cotejo entre Aron y Jean-Paul Sartre, con quien Vargas Llosa practica una especie de ajuste de cuentas personales. La diatriba contra el autor de El ser y la nada llega a tonos que no le son habituales: “Tal vez [Sartre] el temible enemigo de los demócratas, el anarco comunista contumaz, el ‘mao’ incandescente, era sólo un desesperado burgués multiplicando las poses para que nadie recordara la apatía y prudencia frente a los nazis cuando las papas quemaban y el compromiso no era una prestidigitación retórica sino una elección de vida o muerte” (opus cit.: 231).
 
No es posible aquí hablar de todos los capítulos, en un volumen parejo de inobjetable calidad expresiva y base bibliográfica. Quedan para otra oportunidad Jean-François Revel y una revisita pormenorizada al capítulo sobre Isaiah Berlin, uno de los autores más influyentes en Vargas Llosa, del que sin embargo se distancia en este pasaje: “Hay toda una dimensión del hombre que no asoma, o lo hace de manera furtiva, en su visión: aquella que describió mejor que nadie Georges Bataille. Ese mundo de la sinrazón que subyace y a veces obnubila y mata la razón… el de esos oscuros instintos que por inesperados caminos surgen de pronto súbitamente para competir con las ideas… Nada más alejado de la visión limpia, serena, armoniosa, lúcida y sana del hombre que tenía Isaiah Berlin, que la concepción sombría, confusa, enferma y ardiente  de Bataille. Y, sin embargo, tengo la sospecha de que la vida es probablemente algo que abrasa y confunde en una sola verdad, en su poderosa incongruencia, a esos dos enemigos” (opus cit.: 278). 

La honestidad intelectual de Vargas Llosa le lleva a reconocer que “Isaiah Berlin albergó siempre dudas socialdemócratas sobre el laissez faire y volvió a reiterarlas pocas semanas antes de su muerte en la espléndida entrevista, suerte de testamento, que concedió a Steven Luker, repitiendo que no podía defender sin cierta angustia la irrestricta libertad económica que ‘llenó de niños las minas de carbón’…” (opus cit.: 275).

DEWEY Y NOZIK OMITIDOS

En este recomendable libro de Vargas Llosa se extrañan muchos nombres de la filosofía política contemporánea. Por ejemplo, el de un eximio representante del liberalismo igualitario como John Rawls, o el de Ronald Dworkin. Pero quizás las omisiones más relevantes sean las de John Dewey y Robert Nozick. En otro lugar hemos mostrado que Robert Nozick mutó sobre el final de su vida de su pensamiento anarquista liberal, hacia ideas mucho más cercanas a lecturas solidarias del liberalismo. Basta leer por ejemplo el capítulo “El zigzag de la política” en Meditaciones de la vida, publicado originalmente en 1989 (Courtoisie, 2016: 167-191).
 
Pero la distinción inicial de Arturo Ardao acerca de los dos liberalismos, merece ser abordada algo más en detalle a través de algunos aspectos del pensamiento político de John Dewey, el gran filósofo y pedagogo norteamericano, no incluido ni mencionado en La llamada de la tribu. La historia del liberalismo no puede juzgarse por las recurrentes falsificaciones de que ha sido objeto, ni por la torsión a la derecha del último cuarto de hora. 

En plena depresión de los años treinta, en un texto que llevaba por título "El porvenir del liberalismo", John Dewey procuraba aligerar al liberalismo clásico de cierto grave lastre que comprometía entonces, y aún compromete, el desarrollo de muchas ideas fecundas y metas generosas que llevaba consigo (Dewey, 1961). Desde sus orígenes el liberalismo albergó dos tendencias. Dewey las denomina, respectivamente, la corriente del laissez-faire y la corriente humanitaria. 

Pese a las inestables aleaciones de ambas con que suele encontrársele históricamente, el liberalismo nunca se curó de esta escisión interna. En épocas de gran impulso del comercio y de la aplicación del vapor a la industria, las teorías de Adam Smith, entre otros, dieron expresión a la primera de esas corrientes. El esfuerzo de industriales y comerciantes por sacudirse el yugo de las restricciones que limitaban su actividad, especialmente con los mercados extranjeros, hicieron que la injerencia del gobierno fuese considerada enemiga del progreso. La búsqueda de cada individuo por obtener la mayor ganancia sería útil también al resto de la sociedad. Una armonía de intereses auto regulada sería la resultante de este proceso.

La tendencia humanitaria del liberalismo, a su vez, nació de la confluencia de muchos elementos: el influjo de Rousseau, vindicador del hombre olvidado y de las masas olvidadas, cierto rechazo de la razón, en tanto las mayorías podrían ser guiadas sabiamente por el instinto y el sentimiento, y hasta aportes religiosos como los movimientos de los Wesley en Inglaterra. Allí y en otras partes, la fuerza motriz de sectores del clero cercanos a los más desposeídos se tradujo en obras concretas contra los abusos de la vida carcelaria, contra la esclavitud, contra las condiciones inhumanas de trabajo de mujeres y niños en minas y fábricas. Estas dos grandes corrientes, anota Dewey, aunque se hayan unido en ocasiones, no llegaron nunca a fundirse.

La tendencia humanitaria se expresaba más frecuentemente en la obra personal y voluntaria, pero lejos de oponerse a la intervención gubernamental inspiró en muchos países la aprobación de buena parte de la legislación social. Su inclinación intervencionista, aún sin hacer a un lado las libertades de expresión y de pensamiento, enfrentó siempre la propensión abstencionista de la corriente del laissez-faire (que conlleva su propio estilo político, las más de las veces insensible y autoritario). El liberalismo político por su parte, prolonga las raíces humanitarias del movimiento y posee su propio sesgo en materia económica. Estamos ante dos tradiciones liberales, cada una de ellas con su propio repertorio de soluciones económicas y políticas. Lo paradojal es que las dos habitan una misma constelación de ideas que equívocamente llamamos "liberalismo". Parece un caso de doble personalidad. Pero ahora sabemos quién es Jekyll y quién es Hyde.

Si Vargas Llosa hubiese incluido a John Dewey en su repertorio de La llamada de la tribu, podría haberse beneficiado de la sagaz concepción de la libertad que ofrece el estadounidense. El liberalismo nunca pudo curarse de esa contradicción, de esa puja por el predominio entre dos líneas que, sin embargo, habían partido de una coincidencia fundamental: "la mayor libertad posible para el individuo" (Dewey, 1961: 154). No era esa una formulación genérica, sino concreta. Las divergencias venían luego cuando se la interpretaba parcialmente, restringiéndola, por ejemplo, a la libertad del empresario.

El mérito mayor de John Dewey consiste en responder a la pregunta por el significado de la palabra "libertad" sin acudir a la vaga retórica habitual. Nuestro autor aporta observaciones esclarecedoras sobre la definición del término. "La libertad no es tan sólo una idea, un principio abstracto. Es poder, poder efectivo de hacer cosas. La posesión del poder efectivo es siempre una cuestión de distribución del poder existente en un momento dado. La exigencia de aumentar el poder en un punto exige un cambio en la distribución de los poderes, es decir que en algún otro punto haya menos poder. Cuando hay libertad en un lugar, hay restricción en otro" (Ibídem: 132-133). A la luz de esta potente redefinición de la vapuleada "libertad" en términos de "poder", es que Dewey consigue disolver muchos mitos y confusiones que escuchamos a diario. En particular, el mito de que igualdad y libertad son valores antinómicos.

Para Dewey, si enfocamos el liberalismo en un encuadre temporal suficientemente amplio, comprenderemos que no puede identificarse con un programa fijo y pormenorizado de soluciones, ni mucho menos, como acabamos de sugerir, con invocaciones acerca de una libertad abstracta y difusa. Su esencia se define por una actitud continua de enérgicos reclamos a través del tiempo, en pro de tales o cuales libertades particulares frente a situaciones o instituciones opresivas también particulares que, naturalmente, cambian según los contextos y las épocas.

El error filosófico fundamental de la línea del "zorro libre en el gallinero libre" consistió precisamente en ignorar la relatividad histórica.  La intervención estatal fue considerada como la violación de una ley natural, pero no tuvo rubores en solicitar su apoyo toda vez que lo necesitó. Esa forma degenerada de liberalismo (la expresión es del propio Dewey) es contradictoria en todas partes. El autor alude al ex-presidente Herbert Hoover y su peculiar "individualismo a ultranza" que no impidió la asistencia a ciertos sectores privados mediante la Reconstruction Finance Corporation ante la crisis de 1929. El mismo gesto, apuntemos nosotros, se repitió luego de la crisis del 2008 en los EE.UU, cuando el Estado salvó a las instituciones financieras, socializando las pérdidas después de asegurar la casi impunidad de las ganancias fraudulentas facilitadas por la desregulación.

IDEALES VERSUS REALIDADES

El liberalismo del porvenir debe aceptar la relatividad histórica, asumiéndose como actitud más que como un programa definido. Debe propiciar, insiste Dewey, un nuevo individualismo, en que cada sujeto alcanza su libertad efectiva en la participación y en la deliberación de los problemas de la comunidad (Schneider, 1949: 546-547). No podemos dejar pasar esta frase: "La idea y el ideal originarios de la democracia, combinan la igualdad y la libertad como ideales coordinados, agregando, en el 'slogan' de la Revolución Francesa, la fraternidad como tercera coordenada" (Dewey, 1961: 136). Y no debería sorprender que el británico Edward H. Carr, respecto de los comienzos de la Revolución Rusa, dijera que "muchos de los primeros actos legislativos y declaraciones del régimen soviético en Rusia estuvieron inspirados tanto por los ideales de la democracia burguesa como por los del socialismo. Cuando llegara el momento de pasar a la realización del socialismo, esto significaba, no que los ideales democráticos deberían ser abandonados, sino que deberían ser totalmente realizados, en un momento en que las democracias burguesas degeneradas de Occidente no eran ya capaces de hacerlo” (Carr, 1968: 215).
 
Este tipo de perspectivas, aún planteadas de modo exploratorio, son las que podrían haber enriquecido el libro de Vargas Llosa a partir del cual aquí hemos reflexionado. Es que no vale comparar un capitalismo idealizado con las heterogéneas concreciones del socialismo en el mundo. Tampoco corresponde lo inverso: comparar un socialismo estilizado con las miserias concretas de las economías “abiertas” y el colonialismo encubierto o descarado, propio de la globalización.
 
También hemos señalado la confusión entre los dos sentidos del término “liberalismo”: el económico con el político, como si fuesen una sola cosa, o como si el liberalismo económico fuese condición necesaria del liberalismo político. Esas confusiones lo conducen a ciertas afirmaciones inquietantes de La llamada de la tribu como la siguiente: “Ciertas dictaduras de derecha, que ponen énfasis en las libertades económicas, pese a los abusos y crímenes que cometen, como la de Pinochet en Chile, garantizan por lo general un margen más amplio de ‘libertad negativa’ a los ciudadanos que las democracias socialistas y socializantes, como Cuba y la Venezuela de nuestros días” (Vargas llosa, 2018: 257). Recordemos que la “libertad negativa” de Isaiah Berlin alude a la menor intromisión del Estado en la vida de los particulares. Aquí Vargas Llosa posee una visión muy idealizada de la libertad económica, o muy deformada de las “democracias socializantes”, o bien, carece de cierta información básica acerca de los procesos a los que alude. 

Es muy probable que Vargas Llosa nunca haya leído a Vaz Ferreira, pero debería. Por ejemplo, para conocer el sabio consejo del autor de Fermentario para pensar y discutir (o discutir pensando) en materia política: “No hay mayor injusticia que comparar ideales con realidades, proyectos con realizaciones, y, simplemente, futuro con pasado” (Vaz Ferreira, 1957: 159). “Cuando se comparan ideales con realidades, parecen pobres las soluciones realizadas” (opus cit.: 166).
 
Es menester un reencuentro profundo con los clásicos del liberalismo, en una lectura menos “economicista”, que el propio autor, todavía a tientas, logra por momentos. No en vano Vargas Llosa expone La teoría de los sentimientos morales de Adam Smith recordando la centralidad de la empatía, la actitud cuidadosa de los demás, el rol del juez moral que la mayoría lleva dentro del pecho y la esencialidad de ciertas interrogantes morales: “¿A qué se debe que la sociedad humana exista y se mantenga estable y progrese en el tiempo, en vez de desarticularse debido a las rivalidades, los intereses opuestos y a los instintos y pasiones egoístas de los hombres? ¿Qué hace posible la sociabilidad, ese pegamento que mantiene unida a la sociedad pese a la diversidad de gentes y caracteres que la conforman?” (Vargas Llosa, 2018: 37).


REFERENCIAS

ARDAO, Arturo (1997). “Liberalismo y liberalismos”, en Cuadernos de Marcha, diciembre de 1998. Montevideo, pp. 37-39.
CARR, Edward Hallet (1968). Estudios sobre la revolución, Madrid: Alianza Editorial.
COURTOISIE, Agustín (2016). “John Rawls y Robert Nozick: aciertos y desconciertos”, en Bonilla Saus, Javier & Isern Munne, Pedro (editores) (2016), Contratos, derechos, libertades y ciudadanías. Buenos Aires: Biblos.
DEWEY, John (1961). "El porvenir del liberalismo" capítulo X, en El hombre y sus problemas. Trad. Eduardo Prieto, Buenos Aires: Paidós.
SCHNEIDER, Herbert (1949). Historia de la filosofía norteamericana. México: Fondo de Cultura Económica.
VARGAS LLOSA, Mario (2018). La llamada de la tribu. Montevideo: Alfaguara.
VAZ FERREIRA, Carlos (1957). Fermentario. Tomo X. Montevideo: Edición de Homenaje de la Cámara de Representantes. 



FUENTE: "Liberalismos" de Agustín Courtoisie, Revista Relaciones Nro. 408, Mayo de 2018, Montevideo, pp. 28-30.